Instituto Superior de Ciencias Morales

El papa Francisco y el interrogante moral de la contracepción

Regresando a Roma de su reciente viaje pastoral a México, el papa Francisco respondió así a la pregunta de un periodista: “El aborto no es un ‘mal menor’. Es un crimen (…). Evitar el embarazo no es un mal absoluto”.

En relación con la segunda de las afirmaciones del papa, el prof. Marciano Vidal, profesor del ISCM, responde a cuatro preguntas:

Pope Francis, flanked by Vatican spokesman father Federico Lombardi, first right, talks to journalists during a press conference he held aboard the papal flight on his way back from Strasbourg, eastern France, at the end of a one day visit to the European Parliament and Council, Tuesday, Nov. 25, 2014. Pope Francis has demanded Europe craft a unified and fair immigration policy, saying the thousands of refugees coming ashore need acceptance and assistance, not self-interested policies that risk lives and fuel social conflict. Francis made the comments Tuesday to the European Parliament during a brief visit meant to highlight his vision for Europe a quarter-century after St. John Paul II travelled to Strasbourg to address a continent still divided by the Iron Curtain. (AP Photo/Andrew Medichini)

  1. ¿Es una nueva postura la que ha planteado Francisco ante el zika?

En el contenido doctrinal no es nueva, ya que en la Teología moral católica no se considera la contracepción como un mal absoluto. Pueden darse situaciones en que sea necesario o aconsejable acudir a la contracepción para defender bienes mayores o para evitar males mayores. Lo que es novedoso o lo que llama la atención es que lo diga un papa y que lo diga de esa forma tan “normal” o tan campechana como lo hace el Papa Francisco.

  1. ¿En qué casos la Iglesia considera lícita la contracepción?

En primer lugar, en todos aquellos casos en que sea necesaria para la salud (tanto física como psíquica) de la persona (o de las personas) en cuestión. A esto se le denomina en Teología moral católica razón terapéutica, es decir, la aceptación moral de una intervención sobre procesos naturales (mal menor) a fin de defender la salud del sujeto (bien mayor).

También se acepta la contracepción cuando la posibilidad de una violencia sexual  entra dentro de una previsión normal. El papa Francisco recordó el caso de las religiosas en el exCongo belga. Los moralistas también dijeron lo mismo para las mujeres en la situación de la guerra de Bosnia.

En el caso de posible infección del VIH, la relación sexual ha de hacerse con protección. Esto es claro cuando la relación tiene lugar dentro del matrimonio. También lo es cuando la relación sexual no es apropiada, según el principio formulado por san Alfonso María de Liguori quien decía que no hay que exhortar a nadie “a pecar” (ad peccandum)  pero al que va a pecar sí se le debe exhortar a que “peque menos” (ad minus peccandum).

  1. ¿Al margen de los casos excepcionales, hay debate sobre su uso en otras circunstancias?

Sí, hay debate. Lo hubo antes del Concilio Vaticano. Se debatió en el Concilio y dentro de la Comisión creada por Juan XXIII para analizar la cuestión. Y el debate ha continuado después de la publicación de la encíclica Humanae vitae (1968) hasta hoy. El tema también apareció, aunque de forma bastante tímida, en el último Sínodo de los obispos (2015).

Entre los moralistas católicos no se discute que la sexualidad matrimonial debe estar abierta a la transmisión de la vida. Tampoco se discute que ninguna Autoridad política (sea de carácter internacional o nacional) puede imponer algún tipo de control de natalidad.

Lo que se sigue debatiendo es si en el ejercicio de la procreación responsable, tal como la formuló el concilio Vaticano II, no podría entrar el uso de la contracepción. Me refiero a la contracepción por medios llamados artificiales, ya que la Iglesia católica acepta el control por medios naturales. Hay una opinión, cada vez más mayoritaria entre los moralistas, que estaría a favor de la contracepción como elemento de la procreación responsable, excluido obviamente el aborto.

  1. ¿Por qué la Iglesia mantiene que usar métodos anticonceptivos no es moral?

Doy por supuesto que la pregunta se refiere a situaciones en que la relación sexual es moralmente buena, como es el caso de la relación matrimonial.

Pablo VI, en la mencionada encíclica Humanae vitae, no la aceptó por varias razones, no todas de la misma índole:

1) Por el peligro a que se “banalizara” la relación sexual.

2) Por miedo a que los poderes políticos y/o económicos “impusieran” un control de natalidad a poblaciones pobres.

3) Por el temor a que diciendo que sí a la contracepción responsable la Iglesia no fuera coherente con la Tradición: de hecho la encíclica Casti Connubii (1930) de Pío XI utilizó esa razón para oponerse a la aceptación de la contracepción por parte de los anglicanos en la Conferencia de Lambeth de 1929.

4) Por una concepción de lo natural como base normativa del comportamiento humano (frente a lo artificial).

Son esas razones las que hoy día se cuestionan por parte de los moralistas católicos. Yo me adhiero a una gran mayoría de teólogos que piden escuchar el sentir de los fieles cristianos (lo que se llama, en teología, sensus fidelium) y proponer una orientación parecida a la de los anglicanos.

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